El objetivo de este ensayo es hacer una crítica en relación a la usurpación del cuerpo de la mujer y la construcción de la maternidad obligatoria. Hay diversas posturas teóricas feministas en las que se refieren al tema de la maternidad. Unas que descontruyen el concepto del instinto maternal y de buena madre y otras para las cuales la maternidad es el eje principal de la identidad femenina. Pero, ambas se equiparon en la recuperación del cuerpo de la mujer y es sobre ese rescate que discurriré brevemente en este trabajo.
El cuerpo femenino no es aún del todo nuestro. Nuestra sociedad de consumo ha usurpado y colonizado este espacio llamado cuerpo. Este sigue siendo objeto de apropiación del patriarcado y de las instituciones a las cuales hacen parte: la Iglesia y el Estado. La sociedad moderna patriarcal construye su poder mediante el control del cuerpo u de la vida de las personas, a través de procesos de normalización.
“El cuerpo de la mujer y, por extensión, la feminidad, ha sido considerado como la expresión por excelencia de la territorialidad patriarcal. Estas manifestaciones de lo mismo, lógicamente se describen de diferentes maneras según los momentos de la historia. El patriarcado no es un poder estático y su manera de expresar el signo mujer tampoco es estática. Que sea por medio de la ausencia, del cautiverio, de la exclusión, de la dominación, de la opresión o de la discriminación, como hoy, todos representan mecanismos distintos para expresar, creo yo, lo mismo.”¹
De acuerdo con Kate Millett, el hombre ha criado la imagen de la mujer como conocemos, adaptándola a sus necesidades: “Cualquiera que sea su origen, la animosidad que el hombre siente hacia la mujer facilita el control ejercido sobre el grupo subordinado y proporciona una serie de argumentos destinados a justificar su situación inferior y ‘explicar’ la opresión de que es objeto”.
El cuerpo se convirtió en el un espacio de disputa, no cual ocurren desigualdades sociales e inequidades basadas en el sexo, de acuerdo con Claudia Amarillo. Esos desentendimientos trajeron como consecuencia designaciones diferenciales de atributos, saberes y, principalmente, de derechos.
En nuestra cultura la construcción del instinto maternal, que es visto como algo inherente a todas las mujeres, es una representación socialmente construida. Esta imposición tiene consecuencias negativas en las mujeres, entre ellas la que destaca la definición de la identidad femenina exclusivamente como función materna. Pero, no solo el concepto de instinto maternal es una construcción social sino también el concepto de género. El género es una serie de roles culturales.
Desde la lógica del sistema patriarcal se desarrollan nuevos argumentos para crear en las mujeres la actitud de “buena madre”. Esas representaciones impones una única forma de conceptuar el femenino, “El mito del instinto maternal es un claro exponente de la utilización de datos biológicos (como el útero, el embarazo o el parto) con fines de opresión y aislamiento de la mujer en la función reproductiva”²
Estoy de acuerdo con Simone de Beauvoir cuando ella dijo que en nuestros días la función reproductora no es más controlada simplemente por el acaso biológico, sino por la voluntad. El control de fecundidad fue una gran lucha del feminismo de la mitad del siglo XX. La anticoncepción fue sin duda la mayor conquista de la liberación sexual femenina. La maternidad ya no es más una atadura para las mujeres, tampoco el único destino femenino.
Pero esa libertad de decisión de una mujer es siempre una garantía que pone en riesgo el sistema de opresión entero. Este riesgo al sistema explica por qué ni todas las mujeres puedan interrumpir un embarazo. Pienso igual a Florence Thomas, cuando ella dijo que los hombres tienen miedo de nuestra liberación. “Para los patriarcas, los maridos, los amos de las mujeres, pensar que ellas estuvieran recuperando el control de su fecundidad, el control de su cuerpo, el posible encuentro de un nuevo deseo por medio del nacimiento de mujeres como posibles sujetos de deseo, cuando había sido el privilegio de los hombres desde los albores de los tiempos, era inaudito y al mismo tiempo una estocada casi mortal de su poder que se ejercía ante todo sobre la sexualidad femenina”. Esa construcción de sujetos de deseos es lo que Maria Milagros llama de mujer sujeto político.
Hoy, nosotras mujeres del Sur – Latinoamérica y África – todavía no tenemos el pleno derecho a la autonomía y el control sobre nuestro cuerpo, ni de nuestra sexualidad. Nuestros derechos sexuales y reproductivos, aún en pleno siglo XXI, están representados por visiones opresoras y fundamentalistas sea del poder político o religioso.
En Latinoamérica, solo tenemos derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, las mujeres de Cuba. Entre tanto, la prohibición del aborto no implica que las mujeres no aborten, debido que las mujeres que tienen mayores condiciones financieras pueden hacerlo. Por su situación de ilegalidad, el aborto se ha convertido en un feminicídio legalizado.
Mientras las mujeres de los países del Sur aún no tienen el derecho de abortar garantizado por el Estado, las de los países del Norte ya lo tienen. O sea, la cuestión la cuestión del aborto no es únicamente de género, sino también de clase.
Aproximadamente 500 mil mujeres mueren en Latinoamérica cada año a consecuencia de abortos clandestinos. Un estudio realizado en Brasil – y recibió el premio Fred L. Soper Award for Excellence in Health Literature - concluyó que una a cada cinco brasileñas ya hicieron o van a hacer un aborto en su vida hasta los 40 años y que el aborto es más frecuente en mujeres con baja escolaridad.. La pesquisa echa el 2010, con mujeres de 18 a 29 años, también reveló que mitad de los abortos hechos clandestinamente tuvieron como paraderos entidades prestadoras de salud debido a sus complicaciones como hemorragias, infecciones etc. Los niveles de internación pos-aborto son elevados y hacen con que el aborto sea un tema de salud publica no solo en Brasil como también en los otros países nos cuales él es prohibido. La prohibición del aborto no hace que las mujeres no aborten, pero sí aumenta o numero de mujeres muertas en consecuencias de procedimientos incorrectos. Hacer con que la maternidad sea algo obligatorio es esclavizar las mujeres meramente con la finalidad de reproducir. De esa manera vemos que la conquista de la mujer por su proprio cuerpo no ha terminado.
¹Thomas, Florence (2006) i No, Violeta… no hemos llegado! En: Conversaciones con Violeta. História de una revolución inacabada. Aguiar. Pp 27-82
² Saletti Cuesta, Lorena (2008) Propuestas Teóricas Feministas en relación al concepto de maternidad.
Bibliografía:
Butler, Judith (2001). Sujeitos de sexo/género/deseo. EM: El género em disputa. El feminismo y la subversión de la identidade. Barcelona, Páidos. Pp 45-65.
De Beauvoir, Simone (1999) La Madre. En: El Segundo Sexo II, Cátedra. Madrid
Rivera Garretas, María Milagros. Nombrar el Mundo En Femenino. Pensamiento de las mujeres y teoría feminista.
Saletti Cuesta, Lorena (2008) Propuestas Teóricas Feministas en relación al concepto de maternidad.
Thomas, Florence (2006) i No, Violeta… no hemos llegado! En: Conversaciones con Violeta. História de una revolución inacabada. Aguiar. Pp 27-82
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